Vilipendios nació sin intención de serie. Empezó como un puñado de manchas —tinta y acuarela soplada sobre papel artesanal, dejadas a su propio azar— en las que, mirándolas después, empecé a reconocer figuras que ya estaban ahí, esperando a que alguien las señalara. No fueron dibujadas: fueron encontradas. Con el tiempo, esas piezas terminaron acompañando un libro de poesía con el mismo nombre, escrito por quien fue mi pareja durante años. Cada obra da rostro a uno de sus poemas, y varias de ellas —sin que ninguno de los dos lo supiera entonces— terminaron anticipando lo que nos pasaría después.
No es una serie sobre el mundo exterior. Es introspección: miedo, pérdida, deseo, la sensación de estar hecho de partes que a veces se separan. Cada pieza es un fragmento de ese diálogo interior, encontrado en el gesto antes que planeado en la cabeza.
Un mismo método, doce estados de ánimo distintos
Todas las obras de Vilipendios comparten un mismo punto de partida: la decalcomanía, la técnica que en 1936 popularizó el pintor surrealista canario Óscar Domínguez dentro del movimiento surrealista. Dejo que el pigmento —acuarela, a veces café, a veces tinta— se expanda de forma incontrolada sobre el papel, y solo después empiezo a intervenir con plumilla, rotulador o pincel, dibujando lo que la mancha ya insinuaba. El soplado sobre el pigmento aún húmedo es otro recurso recurrente en toda la serie: genera esas líneas finas y ramificadas, casi nerviosas, que atraviesan varias piezas como venas o telarañas.
Visualmente, la serie se mueve dentro de una misma paleta contenida —rojos intensos, negros y grises de tinta, y algunos tonos cálidos de café u ocre en piezas puntuales como Paul— sobre papel de acuarela de bordes irregulares, casi siempre en formato pequeño e íntimo. Esa contención cromática es lo que hace que, aunque cada obra hable de un estado emocional distinto, las doce se reconozcan como parte de una misma voz.
Las obras que componen la serie
Doce piezas originales, cada una ligada a un poema del libro: La profeta y Descosido —ambas dípticos—, Pasado, Miedo, Paul, Estudio de manchas y vacío, Estudio de manchas y desnudo, Caperucita, El árbol de la vida, Desintegración, Dentro y Circo. Todas son piezas únicas, no replicables, y pueden verse y adquirirse por separado a continuación.












