Dos figuras que parecen conversar desde un lugar que ni yo mismo terminé de entender del todo. A la izquierda, una forma humana, ágil, rota, que salta o huye. A la derecha, un ser encorvado, casi humano, casi animal, que la observa marchar. Esta obra nació sin previo aviso, como un accidente afortunado en una tarde cualquiera de tinta y papel.
Materia y gesto
- Técnica: Decalcomanía en tinta china roja y azul, plumilla, manchas gestuales y soplado con tubo fino sobre papel
- Medidas: 24 x 43 cm (díptico)
- Serie: Vilipendios
- Pieza: original y única, no replicable
Dos mitades de un mismo cuerpo
Descosido representa la separación de dos almas que en otro tiempo formaron parte del mismo cuerpo. En la parte inferior aparece un centauro: antiguamente tenía una segunda mitad unida a él, pero un día esa otra parte decidió arrancarse y continuar su camino. Él permanece incompleto mientras ella vuela libre, buscando una nueva vida.
En realidad, esta obra es otro autorretrato. El centauro y la figura que se aleja son las dos mitades de una misma persona: la que se queda observando y la que necesita separarse para seguir viva. No hay culpables en esta escena, solo dos formas distintas de sobrevivir a lo mismo.
El azar que se convirtió en profecía
Descosido pertenece a la serie Vilipendios, un conjunto de obras nacidas del azar y de procesos accidentales que después acompañarían los poemas de un libro con el mismo nombre. Muchas de las piezas ya existían antes de asociarlas a cada poema; al empezar a leerlo, descubrimos que algunas imágenes parecían haber sido creadas expresamente para ciertos textos, encajaban de una forma tan natural que parecía imposible separarlas. Las figuras no fueron dibujadas: fueron encontradas dentro de la mancha, como si siempre hubieran estado ahí esperando a que alguien las señalara.
Pinté esta obra en una época en la que pensaba con frecuencia en la posibilidad de perder mi relación sentimental, y esa emoción terminó transformándose en imagen antes incluso de tener palabras para nombrarla — el soplado de la tinta fue el recurso perfecto para representar esa sensación de desgarro: la piel que se rompe, la materia que se separa, algo vivo que deja de estar unido. El poema que después la acompañaría lo escribió quien fue mi pareja durante años. Cuando comprobamos que la pintura encajaba perfectamente con su texto, ninguno de los dos imaginaba que estábamos describiendo nuestra propia ruptura sentimental, cada uno con su lenguaje. Por eso siempre he sentido que esta obra fue una declaración inconsciente de un futuro que todavía no conocíamos: algo que ya habitaba en mí antes de que sucediera de verdad.
Un hilo que sigue uniendo lo que se separó
Descosido no tiene copia. Está enmarcada y lista para colgar, y sigue siendo la única forma de tener en casa esa conversación entre lo que se va y lo que se queda. Llega con certificado de autenticidad y envío a domicilio — como todo lo que realmente importa, ocurre solo una vez.




























